Breve historia del pinball: de la bagatela al renacer de la bola plateada
El pinball lleva entreteniendo a la gente desde hace casi un siglo. De aquellas mesas humildes de clavos y canicas a las máquinas electrónicas de bola plateada que hoy persiguen los coleccionistas, esta es la breve historia de un clásico y de cómo fue cambiando década a década.
Los orígenes
Los antepasados del pinball moderno se remontan a la «bagatela» francesa del siglo XVIII: un juego de salón sobre una mesa inclinada erizada de clavos, en el que se lanzaban bolas para colarlas en las casillas que puntuaban. Era un fijo de cafeterías y salones. Pero el pistoletazo de salida de la industria llegó en 1931, cuando David Gottlieb lanzó Baffle Ball en Chicago. Aquel sencillo juego de monedas, en el que se disparaban bolas por un tablero inclinado para sumar puntos, convirtió el pinball en un producto comercial.
La edad de oro
Los años cuarenta a setenta suelen llamarse la edad de oro del pinball. En esa etapa aparecieron las innovaciones que definen el juego hasta hoy: los pop bumpers, los flippers manejados por el jugador (incorporados en 1947) y la puntuación eléctrica. Empresas como Gottlieb, Bally y Williams dominaron el mercado y sacaron máquinas cada vez más cautivadoras, con ilustraciones elaboradas y dibujadas a mano. Las temáticas iban de la música pop a los taquillazos del cine, y las máquinas se volvieron un clásico de salones recreativos, bares y boleras de todo el mundo.
Caída y resurgir
En los ochenta el sector pasó un mal trago con el estallido de los videojuegos de salón recreativo. Pero el pinball volvió por todo lo alto en los noventa gracias a la pantalla de matriz de puntos (DMD), que permitió animaciones complejas, reglas mucho más profundas y modos de juego interactivos. Títulos como The Addams Family y Twilight Zone arrasaron y ampliaron los límites de lo que una máquina de pinball podía hacer.
El pinball hoy
El pinball ya no está en cada esquina, pero conserva una afición entregada. Fabricantes pequeños como Jersey Jack Pinball han reanimado el mercado de máquina nueva con tecnología moderna y licencias, y los torneos y convenciones reúnen a miles de seguidores. Al mismo tiempo, las máquinas de la edad de oro y de la era del estado sólido siguen siendo piezas de colección muy cotizadas, y una comunidad creciente de aficionados se encarga de mantenerlas en marcha.
Por qué los clásicos siguen vivos
La historia del pinball es la de una innovación constante unida a un cariño duradero por un juego físico, que se toca. Y si los clásicos siguen vivos es, en buena parte, porque se pueden reparar y restaurar. Una Gottlieb, Bally o Williams de los ochenta que se ha quedado muda suele volver con gomas nuevas, una buena limpieza y —cuando la electrónica original ha dicho basta— una placa CPU de recambio plug-and-play moderna. ¿Estás pensando en hacerte con uno de estos clásicos de bola plateada? Echa un vistazo a nuestras colecciones de placas Gottlieb, Bally y Williams y mira qué hay disponible para las máquinas de la edad de oro.